Vos que eres del viento fiel diamante.
Mujer sola y errante, mujer de nadie.
La ansiosa rosa y su néctar anhelante,
que espinó, en otrora, mis versos de aire.
Tu piel, dorada en bronce, germina,
silencio húmedo de verano, respira;
y al tiempo que tus lágrimas declinan,
llega el invierno y el otoño termina...
Una memoria para aquel invierno lejano
que siempre aguarda al mar en el verano.
viernes, 13 de enero de 2012
miércoles, 11 de enero de 2012
De algunos finales inéditos
Mendoza, se llama la ciudad donde creció, en Argentina; se dice ciudad de buenos vinos. Ella, de piernas largas, de pechos firmes, dura, fuerte de carácter, delicioso néctar de vino encarnado. Su piel irradiaba un sabor dorado que yo ansiaba devorar con todos los poros de mi lujuria. Existió ese sabor en mi cuerpo. Ese sabor que poco dura, que nada busca, ese sabor que es un instante. Sabor del tiempo que ya pasó. Escondidos en la selva Lacanjá rodeados de pura noche y silencios etéreos, universales. Mala noche en que le llegó su luna. Noche que se convirtió en miedo y arrepentimiento de haber devorado entre piernas, gemidos y respiraciones todo el silencio del cuarto, por haber robado el placer de los dioses. Con la noche insomne compartió sus varios pensamientos, mientras yo asistía, con singular inconciencia, al valle de los sueños. Mientras todo esto pasaba (yo dormía, ella pensaba) iba pasando el tiempo y decidió romper sus huellas. Se acababa la compañía del viajero "Me regreso, estoy muy bien con vos, pero no dejo de pensar en otra persona". Sus palabras fueron de abandono y el viajero en un principio se sintió ligero; después, se sintió solo. La soledad es la más dulce compañía de un viajero que no se detiene.
lunes, 9 de enero de 2012
Tanto en tan poco
Cuantas risas en cuantas tardes en tan corto tiempo. Acelerados siempre en el espasmo, en la pausa de los días. Tiempos cortos que volaron con el espíritu que despertabas en universos de colores sin nombre dado, colores desconocidos al ojo humano; universos que construías con tus miradas en mis ojos y tus manos en mi piel. Tus pies se alzaban deslizándose sobre cielos llenos de color y, aire fresco, fueron tus labios para los míos. Te respiraba por todo el cuerpo, te quería de verdad, te amaba. Ahora vivo de la estela de tu ausencia buscando colores, cielos, labios y manos entre luces, soles, lunas y sombras...
domingo, 8 de enero de 2012
El origen
Doy la bienvenida a todos los que gustan de volver loca esta vida y poner todo al revés. Busco conseguir algo... no sé si sea el franco camino a los infiernos o la dimensión eterna de los cielos; y, si se puede todo al mismo tiempo, así sea. Y por ello precisamente no esperemos coherencia ni elocuencia sino caos, ruinas y desastre.
Las letras me han acompañado en todo momento desde las mañanas frescas y llenas de vida para las actividades sociales, humanas e inhumanas, hasta la muerte chiquita que, de vez en vez, he tenido la fortuna de vivir en los brazos de encantadoras celestiales y, que una vez o más, ¡esclavizáronme todo!
Ahora entre papeles infinitos busco el orgasmo que sea lejano en sus horizontes finitos; busco en el erotismo fatal de mi ruina que es materia primordial de mi sorda e inútil expresión literaria. Aquí, en este sitio, comenzaré a desnudarla para hacer posible que la violenten, que les claven sus ojos de filo crítico pero que no se vayan limpios en la lucha y que rasgue su pensamiento en consonancia con el placer efímero de las dudas y el mal sabor de los malos juicios fundamentados en prejuicios de toda naturaleza.
El enclave de mis ociosas y sonsacadoras palabras está en la parte más sensible e íntima de la vida, donde se aromatiza lo profundo de la tierra como mar de sal y las ansias se transforman en manantiales que fluyen bajo las faldas de las montañas; en donde el viento gime a nuestras espaldas levantando la orilla de la piel cual escalofrío fantasmagórico y otra piel de piernas nos abraza. Es ahí donde nacen y se guardan solas mis letras, ahí, donde empieza la vida y la muerte: mujer.
¡Mujer, lejana en el tiempo y distancia! ¡mujer, cercana herida que sangra! ¡De ti proviene mi vida y de ti mis palabras! Nada, sin ti, simplemente nada...
Las letras me han acompañado en todo momento desde las mañanas frescas y llenas de vida para las actividades sociales, humanas e inhumanas, hasta la muerte chiquita que, de vez en vez, he tenido la fortuna de vivir en los brazos de encantadoras celestiales y, que una vez o más, ¡esclavizáronme todo!
Ahora entre papeles infinitos busco el orgasmo que sea lejano en sus horizontes finitos; busco en el erotismo fatal de mi ruina que es materia primordial de mi sorda e inútil expresión literaria. Aquí, en este sitio, comenzaré a desnudarla para hacer posible que la violenten, que les claven sus ojos de filo crítico pero que no se vayan limpios en la lucha y que rasgue su pensamiento en consonancia con el placer efímero de las dudas y el mal sabor de los malos juicios fundamentados en prejuicios de toda naturaleza.
El enclave de mis ociosas y sonsacadoras palabras está en la parte más sensible e íntima de la vida, donde se aromatiza lo profundo de la tierra como mar de sal y las ansias se transforman en manantiales que fluyen bajo las faldas de las montañas; en donde el viento gime a nuestras espaldas levantando la orilla de la piel cual escalofrío fantasmagórico y otra piel de piernas nos abraza. Es ahí donde nacen y se guardan solas mis letras, ahí, donde empieza la vida y la muerte: mujer.
¡Mujer, lejana en el tiempo y distancia! ¡mujer, cercana herida que sangra! ¡De ti proviene mi vida y de ti mis palabras! Nada, sin ti, simplemente nada...
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